Calendario de Adviento 2015

18 de diciembre


-¿Quién es Klumpe-Dumpe?- preguntaron los ratoncillos. Entonces el abeto les narró el cuento entero. Pudo acordarse de cada palabra; y los ratones, de puro gozo, sentían ganas de trepar hasta la cima del árbol. La noche siguiente acudieron en mayor número aún, y el domingo se presentaron incluso dos ratas; pero a éstas el cuento no les pareció interesante, lo cual entristeció a los ratoncillos, que desde aquel momento lo tuvieron también en menos.


 
19 de diciembre


-¿Sabe usted sólo este cuento?- preguntaron las ratas.
-Sólo éste- respondió el árbo. -Lo oí en la noche más feliz de mi vida; pero entonces no me daba cuenta de mi felicidad.
-Pero es una historia lastimosa.
¿No sabe ninguna de tocino y de velas de sebo? ¿Ninguna de despensas?-
-No- fijo el árbol.
-Entonces, muchas gracias- replicaron las ratas, y se marcharon a reunirse con sus congéneres.
Al fin, los ratoncillos dejaron también de acudir, y el abeto suspiró -¡Tan agradable como era tener aquí a esos ágiles ratoncillos, escuchando mis relatos! Ahora no tengo ni eso. Cuando salga de aquí, me acordaré con gusto del tiempo perdido.-


 
Cuarto Domingo de Adviento



20 de diciembre


Pero ¿cándo se realice esto? Pues, una mañana se presentaron unos hombres y comenzaron a rebuscar por el desván. Apartaron las cajas y sacaron el árbol al exterior. Cierto que lo tiraron fuertemente al suelo , pero un criado lo arrastró hacia la escalera, donde brillaba la luz del día.
-¡La vida empieza de nuevo!- pensó el árbol, sintiendo el aire fresco, los primeros rayos del sol; estaba ya en el patio.
Todo sucedía muy rápidamente; el abeto se olvidó de sí mismo,¡había tanto que ver a su alrededor!


 
21 de diciembre


El patio estaba contiguo a un jardín, todo estaba en flor; las rosas colgaban, frescas yfragantes, por encima de la diminuta verja; estaban en flor los tilos, y las golondrinas chillaban, volando
- ¡Quirrevirrevit, mi hombre ha vuelto!-
Pero no se referían al abeto.


-¡Ahora voy a vivir!- se regocijó éste y extendió sus ramas. Pero, ¡ay!, estaban secas y amarillas; y allí lo dejaron entre hierbajos y ortigas. La estrella de oropel seguía aún en su cúspide y relucía a la luz del sol.

 
22 de diciembre
En el patio jugaban algunos de aquellos alegres niños que por Nochebuena estuvieron bailando en torno al abeto y que tanto lo habían admirado. Uno de ellos se le acercó corriendo y le arrancó la estrella dorada.
-¡Mira lo que hay todavía en este abeto, tan feo y viejo!- dijo, subiéndose por las ramas y haciéndolas crujir bajo sus botas.


 
23 de diciembre


El árbol, al contemplar aquella magnificencia de flores y aquella lozanía del jardín y compararlas con su propio estado, quiso haber quedado en el oscuro rincón del desván.
Recordó su sana juventud en el bosque, la alegre Nochebuena y los ratoncillos que tan a gusto habían escuchado el cuento de Klumpe-Dumpe.
-¡Pasado, pasado! d ijo el pobre abeto. -¿Por qué no supe gozar cuando era tiempo? ¡Pasado, pasado!-


 
24 de diciembre



Vino el criado y cortó el árbol a pedazos, formando con ellos un montón de leña, que pronto ardió con clara llama bajo el gran caldero. El abeto suspiraba profundamente, y cada suspiro semejaba un pequeño disparo; por eso los chiquillos, que seguían jugando por allí, se acercaron al fuego y, sentándose y contemplándolo, exclamaban -¡Pif, paf!- Pero a cada estallido, que no era sino un hondo suspiro, pensaba el árbol en un atardecer de verano en el bosque o en una noche de invierno, bajo el centellear de las estrellas; pensaba en la Nochebuena y en Klumpe-Dumpe, el único cuento que había oído en su vida y que había aprendido a contar - y después el árbol fue consumido por el fuego.
Los niños jugaban en el jardín, y el menor de todos se había prendido en el pecho la estrella dorada que había llevado el árbol en la noche más feliz de su existencia. Pero aquella noche había pasado, y, con ella, el abeto y también el cuento; acabado, acabado.

Y éste es el destino de todos los cuentos.


 

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