Rita
Moderator
19 de diciembre
-¿Sabe usted sólo este cuento?- preguntaron las ratas.
-Sólo éste- respondió el árbo. -Lo oí en la noche más feliz de mi vida; pero entonces no me daba cuenta de mi felicidad.
-Pero es una historia lastimosa.
¿No sabe ninguna de tocino y de velas de sebo? ¿Ninguna de despensas?-
-No- fijo el árbol.
-Entonces, muchas gracias- replicaron las ratas, y se marcharon a reunirse con sus congéneres.
Al fin, los ratoncillos dejaron también de acudir, y el abeto suspiró -¡Tan agradable como era tener aquí a esos ágiles ratoncillos, escuchando mis relatos! Ahora no tengo ni eso. Cuando salga de aquí, me acordaré con gusto del tiempo perdido.-
-¿Sabe usted sólo este cuento?- preguntaron las ratas.
-Sólo éste- respondió el árbo. -Lo oí en la noche más feliz de mi vida; pero entonces no me daba cuenta de mi felicidad.
-Pero es una historia lastimosa.
¿No sabe ninguna de tocino y de velas de sebo? ¿Ninguna de despensas?-
-No- fijo el árbol.
-Entonces, muchas gracias- replicaron las ratas, y se marcharon a reunirse con sus congéneres.
Al fin, los ratoncillos dejaron también de acudir, y el abeto suspiró -¡Tan agradable como era tener aquí a esos ágiles ratoncillos, escuchando mis relatos! Ahora no tengo ni eso. Cuando salga de aquí, me acordaré con gusto del tiempo perdido.-