Calendario de Adviento 2016

Rita

Moderator
Adviento 2016




El adviento es el primer periodo del año litúrgico cristiano, que consiste en un tiempo de preparación para el nacimiento de Cristo. Su duración puede variar de 21 a 28 días, dado que se celebran los cuatro domingos más próximos a la festividad de Navidad. Los fieles lo consideran un tiempo de reflexión y de perdón.




Primer domingo de adviento


27 de noviembre



Camino a Belén



Eran tres los que  estaban en camino: María, José y el burro que trotaba alegremente adelante. José llevaba su bastón. Estaba acostumbrado a  caminar largos trayectos a buen paso.


María, la dulce madre  de Jesús, hacía como podía para ir a su ritmo, pero sus pies tropezaban a menudo con las piedras del camino. Cerraba los dientes para esconder su dolor. Dejó escapar una lágrima que no consiguió retener. El pequeño burro no se enteró de nada y José tampoco: estaba atento para no perder el camino. El ángel que acompañaba a los viajeros vio que María lloraba. Entonces se inclinó hacia ella y le dijo: ¿”Por qué lloras pequeña amada de Dios? Estás camino a Belén; allá el niño Jesús vendrá al mundo. ¿No estás feliz de esto?” María le respondió: “El pensamiento de que el  Niño va a nacer me colma de alegría. Lo que me entristece son  estos guijarros contra los que tropiezo y me lastiman los pies”.


Tras estas palabras, el ángel se volvió hacia las piedras. Los miró con sus ojos celestiales radiantes de luz. Y he aquí, las piedras se transformaron bajo su mirada: sus ángulos y sus aristas cortantes se redondearon y tomaron reflejos coloreados. Algunas llegaron a ser incluso transparentes como el cristal y centelleaban sobre el camino, iluminadas por el ángel.


Entonces María avanzó con paso seguro. Delante de ella el camino lucía e irradiaba y ya ningún dolor vino a molestar su andar hacia Belén.


 
28 de noviembre



Secreto de la gran piedra


Un día, yendo María y José hacia Belén, se encontraron con una piedra norme. Estaba en medio del camino y lo ocupaba todo. Así es que todos los que por ahí pasaban o tenían que buscarse un sendero entre los arbustos de ambos lados, o trepar por la poderosa piedra.


Esta piedra tiene una historia muy especial.


Cuando se estaba construyendo el camino, siete hombres fuertes tuvieron que tratar con mucho esfuerzo hasta que la echaron a un lado. Pero al día siguiente, cuando volvieron al trabajo, la piedra se encontraba otra vez en el mismo lugar de antes, como si siempre hubiera estado allí. Entonces los hombres protestaron furiosos, se arremangaron y repitieron el duro trabajo. Pero al día siguiente la encontraron donde había estado antes. Estaban rojos de cólera, y con todas sus fuerzas la hicieron rodar nuevamente fuera del camino. Al día siguiente volvió a estar donde siempre había estado. Esta vez no se enojaron, sino que se miraron desconcertados por este misterio. Decidieron entonces ir donde un ermitaño que vivía en el bosque  y le contaron  lo que había sucedido. El les escuchó atentamente, asintiendo con la cabeza y con aire comprensivo les dijo:


“Aquel que debe apartar del camino esta enorme piedra no ha llegado aún. Por lo tanto dejad la piedra donde está y permitid que aquel que tiene la misión de hacerlo, la haga rodar fuera del camino”.


Los hombres volvieron a su cantero y siguieron su consejo, así la piedra quedó allí, en el medio, apesadumbrando a muchos viajeros.


También María y José se detuvieron delante de la piedra, pues José no podía hacerla rodar, ni siquiera con la ayuda del burrito.


Cuando estaba ahí, pensativos delante de esta enorme piedra, José tocó sin darse cuenta la piedra con su bastón. Era un golpe muy liviano, pero no bien la hubo tocado, esta se quebró en dos partes, cayendo cada una d e las dos mitades a ambos lados del camino. Y ahora  se podía observar que la poderosa piedra estaba llena de cristales que brillaban refulgentes a la luz del sol.

Poco tiempo después, el ermitaño pasó por este camino. Cuando vio la piedra quebrada y los cristales que brillaban en su interior, sus ojos se iluminaron y se dijo: “Aquel a quien estaba destinado abrir el camino ha aparecido”, y su corazón se llenó de alegría y esperanza.





 



29 de noviembre



Milagro de la Fuente


En aquella época en que María y José y también el pequeño burro caminaban en dirección a Belén, no existía el agua corriente.


Las mujeres  tomaban su cántaro e iban a sacar de la fuente. Allí se encontraban para charlar. La fuente era un lugar de encuentro, el sitio en que intercambiaban las últimas novedades.

Esa tarde, Ruth tomó su cántaro para ir a la fuente. Desde que salió de su casa fue deslumbrada por la luz intensa de una estrella. Esa tenía tal resplandor que las otras estrellas, y la luna incluso, parecían completamente pálidas. Ruth maravillada, se quedó quieta en el lugar. No podía despegar sus ojos de esta estrella resplandeciente. Se olvidó de la hora y de lo que tenía que hacer. ¿Qué mensaje anunciaba este astro luminoso?


El viento la sacó de su sueño. Tomó su cántaro y se dirigió rápidamente hacia la fuente. Allá no había nadie. Todos habían vuelto de sus casas. Ruth colgó ágilmente su cántaro a la cadena, y se detuvo: la estrella se reflejaba en el fondo del pozo. El agua brillaba allá dentro como el oro. La joven maravillada murmuró:


“¡Que luminoso resplandor, si por lo menos la abuela lo pudiese ver!”


Pero la abuela estaba sentada en casa, en su sillón. Sus piernas debilitadas por la edad, casi no la podían sostener. Ruth dejó deslizar lentamente su cántaro en el pozo para no enturbiar el agua.


Cuando lo volvió a subir, la joven se maravilló otra vez. Pues el agua del cántaro brillaba tanto como el oro. Entonces mojó la punta de su dedo y la probó: el agua tenía el mismo gusto que de costumbre. Ruth levantó su cántaro y volvió rápidamente a casa. En cuanto abrió la puerta gritó: “¡Abuela, mira lo que te traigo!” Y le hizo contemplar el agua que relucía como oro puro.”¡Mira! Ha guardado el destello de la estrella para que tu la pudieses ver”.


La anciana miró el agua pensativamente y dijo: “¿Cuál será esta luz que comienza a brillar sobre el mundo y que al agua pura le gusta conservar su destello?” Después volviéndose hacia Ruth añadió: “he aquí que yo veo el reflejo de tus ojos. Guárdalo como lo más precioso”.


La noticia  del agua de oro se extendió rápidamente y todos venían a sacar de ella. Sacaban cantidades pero el agua de oro no se agotaba. Guardó su resplandor hasta… ¿hasta cuándo justamente? Hasta el día en que el niño Jesús nació en belén. Desde entonces él empezó a iluminar el mundo con su luz.

 
30 de noviembre




La Canción del Viento


María, casi nunca había salido de Nazaret, y le costaba viajar a tierra extranjera. Hasta este día nunca había tenido que mendigar para encontrar un techo, y jamás había dormido al borde del camino. Los días se le hacían muy penosos. El sol brillaba sobre el mundo  mientras que maría y José se apuraban  por llegar a Belén. Pero en la noche María extrañaba.


Acostada en la oscuridad María pensaba en Nazaret: en su casita, en los rosales del jardín, en el aroma del jazmín bajo la ventana, en el murmullo del viento que jugaba entre el follaje de los árboles y en los arbustos desde bailaba entre las espigas.


¡El viento era un gran y viejo amigo! Por las mañana antes de que María se levantase entraba por la ventana abierta. Murmuraba dulcemente o soplaba enojado y María no tenía necesidad de mirar el cielo, pues sabría que tiempo habría según el olor o la humedad que traía. Pero aquí, en un país extranjero el viento parecía diferente, un viento que María no conocía y entonces se sentía más sola todavía.


Pero, ¿no es cierto que el viento sopla donde quiere?


Pues aunque parezca imposible, el mismo viento que rodeaba a María sentía su tristeza; ¿Cómo reconfortarla? Retuvo su soplo y reflexionó largo tiempo.


Normalmente tendría que soplar todo lo que pudiera y entra en todos los rincones por todas las fisuras. Sin embargo le parecía que María se sentía tan sola lejos de su país natal…


De repente, entonó otra canción. Cantó a la primavera de Nazaret, al grano que germina, a las corolas que se abren, a la gloria de las flores, al murmullo de las abejas. Y ese canto tan dulce, tan pleno de amor reconfortó el corazón de maría y se durmió feliz.


¡Que buen viento! No puede dejar de ocuparse de María, la dulce madre de Jesús.


No hay que extrañarse que cuando se acerca el tiempo de navidad, el viento entona cánticos primaverales. Canta para maría, para que no se sienta tan sola y abandonada sobre tierra extranjera.





 
1 de diciembre



La aguja de plata de luna y el hilo de oro de estrellas


Con discreta veneración miraba José a su querida esposa y al misterio de este niño Jesús que llevaba bajo su corazón.


Hacía lo posible para  hacerle a María la vida más bella y más fácil. Hubiera deseado  ofrecerles lindos adornos y hermosos vestidos, como los ricos ofrecen a sus esposas. Pero José era pobre, no tenía un centavo. Esto le entristecía por momentos; sin embargo María jamás se quejaba de no tener nada para adornarse.


Desde que estaban en camino hacia Belén sufría  cada día su pobreza.

A veces no tenían que comer y quedaban con hambre porque nadie les daba.


Otras veces, llegaban cerca de un pueblo y a su llegada, las puertas de las casas se cerraban. Entonces no les quedaba más que dormir afuera bajo las estrellas. En estos momentos José se decía bajito: “Dios ha escogido a María para que de a luz a su Hijo y tú haces una mendiga”. “¡Si sólo tuviese un poco de dinero…!


El ofrecería algo a María, algo bonito. ¿Qué podría vender? No poseía nada superfluo aparte de, puede ser… su bastón. El lo había cortado en el bosque. ¿Encontraría  a alguien que se lo comprara?

Una noche en que María y José dormían al aire libre, José tuvo un sueño.


Soñó que un hombre venía galopando en el hombro para despertarlo. Debía ser muy rico, sus vestidos eran soberbios. Sin embargo su mirada era amistosa, sin la menor conmiseración. José le preguntó: ¿En que le puedo servir?”. El extranjero le respondió: “Deseo comprar tu bastón, me han dicho que lo vendías”. José se inclinó para buscar su bastón. ¡Que sorpresa: encontró un bastón forjado en oro y plata y magníficamente trabajado! ¿Donde estaba y que había pasado con su viejo bastón esculpido? José tendió al extranjero el maravilloso bastón.


 
2 de diciembre

El hombre dijo: “En este momento te lo voy a pagar”. Con estas palabras levantó su mano derecha, y de pronto el cielo se puso a resonar, e hilos de oro empezaron a descender de las estrellas. El hombre los tomó delicadamente y los ovilló en el bastón. Luego levantó la mano izquierda. La luna creciente vino a posarse  y tomó la forma de una aguja de plata. “Toma esto como pago”, y con esas palabras, desapareció José, muy sorprendido, contemplaba este precioso regalo con el que no sabía muy bien que hacer. Pero ya, hilo y aguja se movían entre sus manos, el hilo de oro se enhebró solo en la guja de plata y ésta se puso a bordar. Bordaba estrellas sobre el manto azul de María. Cuando el hilo se hubo terminado, las estrellas brillaban en el manto tal como lo hacen en el cielo durante la noche. Entonces la aguja se elevó de nuevo hacia las estrellas  y volvió a ser la luna creciente.

¡Que sueño maravilloso! Por la mañana, José se despertó de buen humor. Encontró su viejo bastón a su lado. ¡Que transformado había aparecido durante la noche! de repente, su mirada percibió el manto de María: Mil estrellas brillaban sobre el pobre tejido. María y José las contemplaban con la misma alegría: ¡Que maravilla! María dijo: “Ahora este manto es demasiado hermoso para mi”.

Así, a pesar de la pobreza de José, María pudo llevar un manto esplendido estrellado, el de la reina de los cielos.

 
3 de diciembre



La luz en el farol


Al caer la noche, Tito el posadero tomó su farol para ir al establo y renovar el heno de Remo, el buey. Al prender la vela, Tito se dio cuenta que estaba casi consumida.


“Por esta noche alcanzará”, murmuró.


Atravesó el patio acompañado de la pequeña llama que disipaba la oscuridad alrededor de él. Tito penetró en el establo y colgó el farol en un gancho del techo. Después con su rastrillo repartió el heno en el pesebre. De pronto escuchó un ruido que venía de la casa; su mujer lo llamaba: Tito, ¿Dónde estás? Han llegado huéspedes”. En ese momento, dejó caer el heno y tomó el farol pero justo la llama clara de la vela se elevó por última vez para volver a caer enseguida y desaparecer.”¡Que le vamos a hacer!” gruñó Tito en la oscuridad. Dejó el farol colgado sobre el pesebre y se apresuró a atravesar el patio para volver entrar a la casa.


Al día siguiente, Tito no pensó más en el farol. Sin embargo en la noche se acordó que lo había dejado en el establo, colgado arriba del pesebre. Se fue a buscar una nueva vela y atravesó el patio.


Allí se dio cuenta que brillaba una luz detrás de la ventana del establo. Sorprendido se frotó la cabeza pues él había visto muy bien como la vela se extinguía la noche anterior. Llamó a su mujer para mostrarle la extraña luz. Los dos juntos fueron al establo para verla más cerca.” Que raro, esta luz brilla para nada y para nadie” murmuró Tito. Y la mujer añadió: “Quién sabe porque esta llama no se extingue. No la molestemos. Esperemos que se consuma por si sola”.


Es así como, la víspera de Navidad, cuando maría y José, seguidos por el pequeño asno, buscaron albergue para pasar allí la noche, descubrieron el establo suavemente iluminado, que parecía esperarlos… Y la luz continuó brillando hasta después del nacimiento del niño para iluminar el mundo alrededor de él.


Sin duda querrán saber que luz es esta que brillaba con tanto fervor. ¿Una vela?  ¡Por supuesto que no! Por lo menos no una vela común como las otras. No, yo se los voy a contar: aunque no se lo imaginen, una pequeña estrella se había deslizado en el farol. Destellaba allí con amor, pues quería estar allí para el nacimiento de Jesús.

Si Tito hubiese mirado bien, la habría visto el también.





 
Segundo domingo de adviento



4 de diciembre



Las manzanas del paraíso


En el jardín del Paraíso, había un árbol que nadie tocaba: era el árbol de Dios. Portaba manzanas rojas, las más bellas que pueden imaginar. Todos los animales y los pájaros que pasaban cerca de este árbol detenían su curso o vuelo para contemplarlo, por lo bello que era: En aquel tiempo Adán y Eva vivían en este jardín. Iban a menudo a admirar el árbol, cuyos frutos estaban reservados para dios. Un día, la serpiente había convencido a Eva de cortar una manzana del árbol y probarla. Después le había dado a Adán, el cual  probó también. Entonces el árbol, de repente había perdido su esplendor. Y cuando Adán y Eva fueron arrojados del Paraíso, el jardín estaba triste por su bello árbol.¿Que acto temerario! Los frutos del árbol habían palidecido de terror, se habían vuelto pequeños y duros, y su gusto jugoso y azucarado se había vuelto amargo como la hiel.

Así el manzano debía volver a encontrar un día de su belleza. Cientos de años más tarde uno de sus brotes se plantó en el jardín de María y José en Nazaret. El arbolito desmirriado creció. Cada año daba frutos pálidos, duros y amargos, que nadie comía ni siquiera el burrito. Un día de primavera el ángel vino al encuentro de María y le anunció que ella sería la madre de Jesús. Cuando atravesaba el jardín,   el ángel pasó cerca del manzano y susurró: “Prepárate, manzanito, pues el tiempo de tu miseria ha terminado. En Navidad, el hijo de Dios vendrá al mundo.

Recuerda que eres el árbol que porta los frutos de Dios”.


En el curso de las semanas siguientes, María y José, muy asombrados, pudieron observar como el árbol se erguía, y florecía con tal magnificencia que se podía pensar que se podía venir abajo por la carga de  las flores. Su follaje se llenó entonces de trinar y el zumbido de las abejas que llegaban de lejos atraídas por la golosina, para libar sus flores.

Después vino el tiempo en que la frondosidad del árbol escondió lo que se estaba preparando.


 
5 de diciembre





Y cuando maduraron sus frutos, no eran ya pequeños y duros sino muy grandes y con una forma redonda y hermosa. Y he aquí que las manzanas se fueron coloreando. Al principio eran de un rosa delicado que se volvía cada vez más intenso; y al final, tenían mejillas de un rojo radiante. ¿Sabéis porque llegaron a ser tan rojas? Es muy sencillo: estaban felices de poder ser de nuevo los frutos de dios, quien iba a venir pronto a la Tierra. María recogió sus frutos en un canasto, y viendo que eran tan firmes y tan buenos, les dijo a José: “Vamos a guardarlas para el niño”. Y cuando partieron hacia Belén, María y José cargaron sobre el lomo del burro una bolsa de manzanas para el niño. Ellos no las tocaron ni cuando tuvieron hambre.


He aquí como el manzano fue liberado de su maldición. Hoy dona sus frutos a los hombres. Cada año sin embargo quedan algunas para el Niño Jesús: las más rojas. Muestran, en particular, cuanto se alegra el manzano de que Dios haya venido al mundo.





 
6 de diciembre



El Cardo Plateado


Cuando Dios creó las flores, les preguntó a cada una: “¿Cómo te vamos a vestir?” Algunas querían ser grandes y robustas, otras deseaban exhalar dulces perfumes. Una  prefería tener flores rojas, otras azules y otras también blancas. Y Dios concedía todos sus deseos.

Así fue como un día se dirigió a una flor: “Tú, pequeña criatura, dime tus deseos más queridos. “¿Quieres crecer o quedarte pequeña? ¿Quieres llevar flores rojas, amarillas o azules?”


“Yo sólo tengo un deseo”, respondió la planta. Me encantaría conservar mis flores hasta el nacimiento del niño Jesús si es posible. En cuanto al resto, me presto a todo: tanto a trepar como a llevar espinas”.


Amablemente Dios sonrió  creó… al cardo mariano.

Este cardo crece en el suelo, sus hojas están llenas de espinas, pero sus flores brillan como estrellas de plata que se abren justo en Navidad, para saludar al niño Jesús.


 
7 de diciembre



El bosque de Espinos


En el camino que los llevaba a Belén, María y José atravesaron un bosque. Los árboles se dirigían secos y delgados hacia el cielo. A la altura de los hombres, entre los troncos, abundan arbustos espinosos. Duros y nudosos, entremezclaban sus ramas que, en lugar de hojas, tenían enormes espinas agudas. Estas molestaban el paso de los viajeros y desgarraban sus vestidos. ¡El pobre burro!, no podía hacerse más delgado y no tenía ninguna posibilidad de evitar que las espinas que le arañaban la piel. Finalmente se detuvo, rechazando dar un paso más. María y José le suplicaron, después se enojaron. En vano; el burro, testarudo, quedaba en su sitio. Lanzaba su “hi-han” despiadado cuando José le daba con su bastón para hacerle avanzar.


Entonces, José la emprendió con los arbustos espinosos. ¡Después de todo ellos eran los que hacían su marcha tan penosa! Pero María le puso su mano sobre el brazo y le dijo: “Querido José, no te enojes contra estos pobres arbustos. No tienen otra que llevar espinas sobre esta tierra tan árida. Si sólo tuviesen con que apaciguarse, estoy segura que nos acogerían con hermosísimas rosas a nosotros y a nuestros hijos.”Dicho esto, levantó sus ojos al cielo y rogó:


“Dios Bienamado, que tu bondad nos llegue como rocío sobre estos pobres arbustos, para que puedan transformarse como lo desean”


Apenas María había terminado su oración, una dulce llovizna cayó del cielo. A medida que iban saciando su sed, los arbustos perdían sus espinas, dando lugar a soberbias rosas, cuyos colores brillaban en derredor y cuyo perfume llenaba el aire de gran alegría. Dieron gracias a Dios por este milagro y el burrito feliz aspiraba el aire embelezado; y lleno de coraje, emprendió su trote en dirección a Belén.








 
8 de diciembre



Simples Cebollitas


Un mercader volvía de viaje. Había visitado países lejanos y traía los brazos cargados de regalos. Habían objetos y tejidos raros, especias exóticas y joyas. Cada uno de los miembros de la familia recibió algo extraordinario. Pero a su mujer, el mercader le ofreció una simple bolsa de tela. “Cuídala bien”, le dijo. “Parece que la bolsa posee dones de profecía. Nos anunciará la venida del Rey de los Reyes”. La mujer quedó muy sorprendida. A veces llevaba la bolsita tosca a su oreja y la miraba por todas las costuras, pero no encontraba nada de particular.


Un día, el mercader se ausentó por un nuevo viaje. Su mujer tomó la bolsita y se internó furtivamente en el bosque. Cuando se sintió escondida de todas las miradas, abrió la bolsa.


¿Saben  que encontró allí? ¡Cebollas!, simples cebollitas. “¿Este era todo su secreto?, gritó decepcionada. Esparció las cebollitas sobre el campo y se volvió a su casa.

Las cebollitas quedaron olvidadas en el camino en el medio del bosque. Expuestas al viento y a la intemperie, fueron pronto cubiertas de polvo y tierra.


Ocurrió que en el camino que conducía a María y José a Belén atravesaba justamente este bosque. Y lo que el mercader había predicho ocurrió. Las cebollitas se abrieron bajo el paso de María y de ellas salieron pequeñas flores blancas y plateadas que iluminaban el suelo como si hubiera sido sembrado de estrellas.


Hoy todavía florecen estas pequeñas flores y anuncian la venida del Rey de los Reyes.


Florecen en algunos países en Navidad y se les llama” Rosas de Navidad”.











 
9 de diciembre



Los Pinos


Cuando dios creó a los árboles los proveyó de raíces y ramas. Las unas se afirmaban a la tierra, las otras se elevaban hacia el cielo, pues ellos habían venido de allá y no debían olvidarse jamás de su verdadera patria. Desde entonces, los árboles tienden sus ramas hacia lo alto como una plegaria silenciosa y perpetua, recordando a su  Creador.

El pino, hace mucho tiempo, hacía lo mismo y, dirigiendo hacia arriba sus largas y anchas ramas dominaba incluso a los otros árboles. Pero esto es diferente hoy en día; ¿saben por qué?


Ocurrió así:


Una noche, María la dulce madre de Jesús y José, su marido, se encontraban en un gran bosque de pinos. Estaban lejos de toda casa y no habían encontrado albergue esa noche. Entonces se acostaron al pie de un árbol para tratar de dormir. Pero se levantó un viento fresco que se hacía cada vez más fuerte. Incluso acercándose mucho al tronco de os árboles elevados, no se estaba protegido. Entonces María, en su angustia, se puso a acariciar el tronco del árbol que le protegía y dijo: “Perdóname que interrumpa la plegaria que diriges  a nuestro padre. Pero mira: Dios mismo se ha inclinado hacia la tierra. Yo llevo a su hijo bajo mi corazón. Y tiene necesidad de tu ayuda”. Con las palabras de María, un estremecimiento recorrió todo el árbol.

Lentamente, muy lentamente, fue volviendo sus ramas hacia el suelo, de forma que pareciese un enorme techo. El pino había perdido sus agujillas siempre una vez al año, pero aquí comenzaron a crecer. Así, las ramas del pino sirvieron de abrigo a María y José durante la noche. Y desde ese día, el pino nunca pierde sus agujillas.


 
10 de diciembre


El


Misterio de las Rosas


¡Con que alegría había visto María florecer las rosas sobre el seto espinoso del bosque! Había juntado un ramillete que llevaba en su brazo bajo su manto para que estuviesen protegidas. Y las rosas permanecían frescas y guardaban su silencioso perfume para María.


            Cuando maría y José se encontraban cerca de Jerusalén, encontraron en el camino a dos soldados romanos que marchaban a paso firme como grandes señores y gritaban: ¿Paso a la armada romana!

Uno de ellos golpeó el lomo del burrito. El pobre animal, asustado se echo al un lado, aunque el camino era bien ancho. Uno de ellos se dirigió a maría con un tono burlón: “¿Hermosa, que escondes ahí? Déjame ver un poco”. Y metió la mano bajo el manto de María, pero la retiró de golpe gritando. Se había herido los dedos con las espinas. ¿Qué escondes ahí pues? Gruño blanco de rabia. María abrió su manto y apareció un ramo de espinas. Pensaba en el día que había florecido. ¿No le había enviado Dios un aliento benefactor para permitirles expandirse? ¿Qué les había sucedido ahora? María estaba apenada  y José sentía su tristeza. Le puso la mano dulcemente en su hombro y le dijo para consolarla: “No te apenes María, han florecido durante mucho tiempo para ti. Ahora que solo quedan espinas tíralas”.

            Pero María sacudió la cabeza y respondió” Ahora conozco el secreto de las rosas, ¿Cómo voy a poder separarme de ellas?”

            Y con cuidado  recubrió con su manto el ramo, que no tenía necesidad de ser protegido. Las palabras del soldado resonaban todavía en su corazón:” La gente podía pensar lo que quisiese. Estas espinas María las había visto florecer, ¿Por qué las iba a despreciar ahora? Un dulce perfume d e rosas subió hasta María. Echó una mirada prudente bajo su manto: ¡Que esplendor! Las ramas estaban de nuevo cubiertas de flores. En el establo de Belén, cuando el niño Jesús vino al mundo, los capullitos florecían aún.


 
Tercer domingo de adviento


11 de diciembre



La Prisa del burrito


¿Conoces a los burros? Son caprichosos. Robustos y resistentes se les puede cargar con bultos pesados. Pero a veces se obstinan. Entonces se vuelven sordos para todo: Tanto como para las súplicas como para los retos. Aunque trates de hacerlos avanzar: ellos arraigan sus patas y no se mueven ni un paso. Si tratas de tirar de ellos como si trataras de empujarlos: ¡Nada que hacer! Entonces te desesperas, y de nuevo adorables, fieles y entregados. Toda testarudez ha desaparecido como por encanto.

            El pequeño burro de maría y José era como todos los burros: testarudo caprichoso y adorable. El viaje a belén hubiera sido largo y difícil con un animal como éste, si no hubiese sido que de repente se volvió dulce y dócil. Y esto fue así:


            José había cargado el burrito. Había puesto todo lo que iba a necesitar durante el viaje. El pequeño asno se había quedado firme y tranquilo. Parecía ser el más dulce, el más amable de los burros de Nazaret. José tomó la brida en su mano; era hora de irse. En este momento el burrito se empecinó  en sus patas y rechazó dar un paso. José le acarició, después le retó, pero en vano; el burrito no hacía el menor movimiento.


 
12 de diciembre


María probó suerte. Rascó sus crines entre las orejas. “Ven”, le decía, “vamos, ven, ya es hora, el camino es largo”. Pero nada que hacer, el burrito quedó inamovible.

            Cuando la situación parecía desesperada, el ángel Gabriel intervino. Así como si nada se apreció ante el burrito y le dijo: “El viaje hasta Belén será penoso. El trayecto será largo para tus patitas flacas. Es preferible que te quedes aquí, has tenido razón para estar testarudo. Yo voy a llamar algunos ángeles que te llevarán tu carga”. Después añadió: “¡Que pena que tu no estarás cerca del Niño Jesús cuando nazca!” ¡No escucharás cantar a los ángeles! ¡No comerás del heno del pesebre, el buen heno que servirá de colchón al Niño Jesús!”


¿El canto de los ángeles? ¿Acaso los ángeles cantan ya? Levantó su hocico al viento: sí, le parecía sentir el olor del heno. Entonces partió al trote encabezando al grupo. Todo su empecinamiento se había olvidado. Ahora tenía prisa por llegar a Belén. Al atardecer hubiera preferido no descansar. Y por la mañana, antes de que l sol hubiera salido, él era siempre el primero que se despertaba. Decía: “¡hi-han!”, “¡hi-han”!, que quería decir: “Levantarse ya es hora”. Salgamos hacia Belén, vamos a escuchar a los ángeles  y a probar el buen heno”.


            ¡Ah, sí! Los asnos son capaces de muchas cosas, cuando lo ángeles les hablan.




 
13 de diciembre



La tela de araña


Una noche, María y José habían encontrado en una cueva refugio para dormir. Al entrar, una gran araña pasó delante de ellos. José quiso cazarla con su bastón. María le dijo dulcemente:” Deja este animalito en paz, José. Lo que Dios ha creado no me va a dar miedo. Además la cueva es bastante grande para todos”. Poco después se acostaron.


            Esa noche el viento sopló violentamente: Quitaba l polvo de las estrellas: El cielo debía estar reluciente para el nacimiento del niño Jesús. En Navidad, los astros debían brillar como oro puro. Así el viento soplaba con todas sus fuerzas.

            En la cueva, María estaba temblando de frío y no podía dormirse. Estaba bien envuelta en su manto bordado de estrellas, pero el viento se filtraba por todas partes. José acostado a su lado dormía profundamente y no se daba cuenta de nada.

            Pero alguien percibió lo que allí pasaba: la araña.

            Ella portaba a María en su pequeño corazón, por haber pronunciado palabras tan protectoras para ellas. Así se puso a trabajar y tejió una tela maravillosa en la entrada de la cueva. Tal vez piensan, que una tela de araña no resiste el viento. Pues bien, esta sí, hacía el efecto de una gruesa cortina. Era tan fina y tan sólida que el viento no se filtraba más al interior de la cueva. Y María se durmió enseguida.

            Al despertarse vio la tela araña. “Gracias a ti yo he podido dormir”, le dijo. “Eres buena, gracias”. La araña escondida en una grieta de la roca estaba colmada de alegría.

 
14 de diciembre



Las provisiones de la Ardilla


La ardilla había juntado abundante reservas de nueces. Las había escondido acá y allá y las había recubierto cuidadosamente de ramas, de tierra y de hojas.


Era importante que las provisiones estuvieran en un lugar seguro, protegidas y bien escondidas. Pero he ahí que la ardilla era incapaz, ella misma, de encontrar sus escondrijos. ¡Que pena!, la naturaleza le había ofrecido una mesa ricamente provista, y ahora, estaba sin nada. La ardilla no encontraba más que viejos restos. Y a pesar de sus provisiones, sufría de hambre. Esto era bien fastidioso, sólo podía hacer una cosa, una cosa que no le gustaba nada: tenía que aventurarse a ir a las casa de los hombres en busca de algún alimento.


Fue así como un día la ardilla fue testigo de una triste escena. Unas personas pobres habían golpeado a la puerta de un albergue  para pedir ayuda. La posadera fue  a abrir, los injurió y los echó a grandes gritos. La ardilla percibió sus rostros tan tristes y se sintió tan mal. En su corazoncito deseaba ayudarles. ¡Si por lo menos pudiese volver a encontrar sus provisiones!


Salió saltando hacia el bosque y se puso a buscar una vez más. Y de repente se hizo bien fácil. No era que le había vuelto la memoria, sino que allí donde había escondido las nueces le parecía ver pequeñas lucecitas. La ardilla fue ahí a escarbar y volvió a encontrar sus reservas. Llenó sus carrillos de nueces y fue a encontrar a los viajeros. Estaba un poco temerosa, pero su timidez se fundió bajo las dulce miradas de María y José.


Con presteza, saltó cerca de ellos y dejó en el camino 2 nueces para cada uno de ellos. Dirán sin duda alguna: ¡Dos nueces es muy poco para un estómago vació ¡ Pero lo que se da con amor siempre es más de lo que parece. María y José le agradecieron a la ardillita. Comieron sus nueces y su hambre quedó calmada.


Desde ese día, la ardilla tuvo la vida más fácil. Cuando se ponía a buscar  sus provisiones escondidas, el suelo se iluminaba suavemente por los lugares donde estaban y nunca más escarbó en vano.







 
15 de diciembre



El Perro del Pastor


Mará y José seguían  caminando hacia Belén y buscaban un albergue para pasar la noche. Aquel día todavía no habían encontrado nada y pensaban dormir otra vez al aire libre. José percibió entonces, a la sombra del crepúsculo, una casita no iluminada y así, maría y José se acercaron llenos de esperanzas. Era un aprisco, una casita de pastor. Poco importaba si encontraban allí techo y calor. Pero no habían contado con Finod era el perro del pastor. Durante el día, cuidaba las ovejas en el prado. Por la noche, cazaba a los merodeadores y a los ladrones que se aproximaban al establo. Desde que olfateó a María y a José, Finod se levantó de un salto y sacudió violentamente  la cadena que lo mantenía atado. Corrió de inmediato donde los intrusos de manera amenazante. Sus “gua gua” significaban: “Tengan cuidado, aquí estoy yo, el dueño. ¡NO se acerquen!”.


Ante estos ladridos furiosos, José levantó los hombros y se dio media vuelta diciendo a María:”¡No hay esperanzas! Este guardián sin dudas es más intratable todavía que un hombre de corazón duro”. María quedó inmovilizada también. Finod estaba orgulloso de sí mismo, pues tenía a los extraños a la distancia. María insistió entonces y dijo: “José trataremos igualmente, estamos agotados. Sin techo no conciliaremos el sueño”.


Dicho y hecho; se dirigió al establo con paso tranquilos.


Finod entró al establo en una rabia loca. Ladraba y tiraba de la cadena en dirección a María, cuando de repente pasó algo inesperado. Antes de que José hubiese podido intervenir, María había llegado cerca del perro. Y ¿que hacía Finod?  Observaba a María que avanzaba  a su encuentro y movía la cola alegremente. Cuando María estuvo muy cerca, Finod dio unos brincos hacia ella, como un cabrito y después se acostó sobre su lomo. María se inclinó  hacia él y le acarició su vientre.


Cuando José se aproximó a ellos, Finod le gruño por última vez, pero la dulce mano de la madre de Jesús le calmó enseguida. María dijo a José : “¡ Mira como ha tirado este tontuelo! Su cuello está todo herido”. María rozó sus llagas con sus dedos. El perro no se quejó ni siquiera por el contacto.


Finod se hubiese quedado toda la noche a los pies de María, si hubiese podido. Pero su lugar no estaba en el establo, lo sabía muy bien. Entonces se acostó afuera contar la puerta. Su corazón latía fuerte de alegría; ¡Que gran responsabilidad tenía! ¿No iba a proteger esa noche a la madre de Jesús?.


Tempranito por la mañana, el pastor vino  a preocuparse por sus ovejas. De lejos fue testigo de un cuadro sorprendente. La puerta del establo se abrió, un hombre y una mujer salieron de allí seguidos por un burrito. Finod, el famoso perro guardián, saltó a su encuentro moviendo la cola, y lamió las manos de la mujer. En el interior del establo, las ovejas balaban cosa que no hacen a menos que se acerque una persona a la que conozcan y que la quieran. El pastor observó la escena como en un sueño. Cuando volvió en sí, María y José habían desaparecido. El pastor se dirigió  a su perro:” Y bien Finod, ¿Quiénes eran tus huéspedes?”Si hubiese entendido el lenguaje  de los perros, Finod le hubiera revelado seguramente lo que había pasado esa noche en el establo.


Cuando el pastor se inclinó hacia el perro, vio que las heridas de su cuello habían sido curadas durante la noche. Y se quedó más sorprendido todavía.





 



 

Trending content

Zurück
Oben